La muñeca muerta yacía en la tierra, rodeada de las cenizas que alguna vez fueron su cuerpo. Podía sentirse el cielo gris, el clima humedo, y por más de que no hubiera sonido, ni el silencio le hacía compañia.
Simplemente porque ella así lo quería.
No siempre fué así, no siempre fué un cadaver.
Hubo un momento en el que sus mejillas se tornaban rojas cuando alguien se acercaba a hablar. Y en el que sus labios eran rosas, y su rostro lleno de color. Sus manos suaves, y sus brazos.. Bueno, sus brazos no tenían grietas.
Pero se hundió en la tierra.
Las raíces muertas de los árboles merecían sus inexistentes latidos
No quería que la oscuridad volviera a rodear sus ojos, comprimir su mente y tambalear su frágil cuerpo
Ya dejó de creer en los finales felices

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