Sysofown

Cap 1. Sysofown



Sysofown comenzó siendo dividido por 5 regiones.
En las colosales aguas de Scandilarium, yacían las sirenas. Se ubicaban alrededor de todo el planeta, ya que sus poderes curativos podrían ser más útiles ahí, donde todos tuvieran acceso. No solían hablar mucho ya que sus dulces voces emitían un sonido irresistible para el oído de cualquier criatura, llevándolos a la locura, y a veces a la muerte.
En las tierras lejanas, en las montañas de Gutsnek, estaban los gigantes. Antes se les tenía miedo y por eso decidieron irse a un lugar marginado donde nadie pudiese burlarse de ellos. Después de unos siglos se descubrió que en realidad eran inofensivos, pero optaron por quedarse allí.
Cerca de las lagunas y los pinos se encontraban los duendes, maestros en el arte de la carpintería. Eran indispensables, sin ellos no se podían hacer las cabañas que protejían a las criaturas en invierno. 
Atrás de las montañas de Gutsnek, pasando los pantanos, estaban las hadas. Estas pequeñas habitantes eran muy difíciles de hallar, ya que tenían magia y muchas veces otras criaturas habían intentado aprovecharse de eso, teniendo en cuenta las dimensiones de sus cuerpos. Por eso se escondían y solo se les presentaban a pocos. 
Y por último, en los bosques del centro de la tierra, estaban los elfos de la luz. Eran los más avanzados en habilidades del habla, dueños de una gran capacidad de razonamiento e inmortalidad. También tenían un libro de hechizos del cual sacaban sus conjuros.
Estas 5 naciones vivían en paz y armonía, se complementaban y ayudaban unos a otros. 
Hasta que todo cambió.
Algunos elfos comenzaron a hablar de lucha y muerte, de peleas entre regiones y de conseguir el liderazgo total. Todo esto se vio reflejado en la colosal lucha de las 5 naciones.
Murieron tanto sirenas como gigantes. No quedó ni un solo duende, y las hadas estuvieron más desaparecidas que nunca.




Cap 2. Imperio de la luz



Los elfos habían tomado el mando, eran dueños de todo. A partir de ahí empezaron a crecer como un imperio, el cual se separó en dos. Luego de la colosal batalla, una más pequeña pero no menos importante se libró entre los elfos. Algunos querían aprovecharse de su inmortalidad para terminar de destruir a toda criatura que quedara en Sysofown, a estos se los llamo Elfos Oscuros. 
Aún así, los elfos de la luz creían en un imperio en el cual ellos tomaran el mando de una forma democrática y justa. Querían mantener el liderazgo con el mismo deseo de mantener su unión con las otras demás naciones. Por eso, el rey de los elfos, Calaquendi, ordenó arrebatar la inmortalidad de los Elfos Oscuros. Por más de que la mayoría habían sido capturados, otros lograron escapar. Unos mortales, y otros no.
A partir de ahí, Sysofown cambió completamente. Solo era un enorme bosque, dividido en dos. En una parte estaba el Imponente imperio de los elfos de la luz, en el cual también estaban el resto de las criaturas sobrevivientes. Y en la parte quemada, estaban los elfos oscuros, también liderados por reyes.




Cap 3. Elfos oscuros



El reino de Mattner, nombre perteneciente al bosque quemado, era muy diferente al imperio de la luz. Los reyes eran ambos inmortales, habían conseguido escapar, a diferencia de la mayoría de ellos. Eran egoístas y malvados, solo les interesaba el poder. Marginaban a los mortales, era por eso que nunca tomaron a su hijo como tal. Había nacido mortal, lo cual se pudo comprobar apenas nació en el ritual que se solía hacer para descubrirlo. Al saberlo, lanzaron en el un conjuro por la abrumante decepción que los abrazaba. Este consistía en que no podría dormir nunca más, por más de que pasaran los días, o los años. A partir de ahí solo era uno más en la sociedad, jamás tomado como descendencia de la realeza, simplemente como un méndigo.
Su nombre era Névar. Resignado por sus intentos de impresionar a sus padres, un día decidió romper con las reglas de Mattner y cruzó la frontera que separaban las regiones élficas. Escondido entre unos arbustos, se vio hipnotizado por la dulce canción que alguna elfa estuviera cantando en ese momento y no hizo más que buscar de dónde provenía. Al descubrirlo se llevó una sorpresa.


Cap 4.  Aerin


Aerin era la hija de Calaquendi y Rána, reyes del imperio de la luz. Se pasaba los días idealizando como habría sido Sysofown en sus tiempos de gloria, donde las 5 regiones vivían en armonía. Algo le podía contar Englantine, un hada sobreviviente de la guerra que decidió mostrarse ante Aerin. Por eso se decía que la hija de Rána poseía la bendición, que sería la que llevase a Sysofown de nuevo a su auge.
Ese día ella se encontraba en su habitación, como siempre cantando las canciones de sirenas que Englantine le había enseñado. Casi se podía decir que tenía el mismo efecto de demencia que causaban las reales sirenas.
- Oh Englantine, daría lo que fuera por conocer a una sirena. ¡De seguro me enseñaría tanto!-
- Esos tiempos se acabaron, Aerin. Deberías dejar de soñar y pensar en como gobernar a tu nación.-
- No seas ridicula, aún falta para eso.-
Aerin había estado evadiendo constantemente el tema del liderazgo, como si la asustara. Pero nadie podía enojarse con ella, su alegre presencia y su bello carácter era un perfecto modelo de un elfo de la luz. 
Siquiera había escuchado a Englantine. Nuevamente se puso a cantar "La bienvenida a Cronos", una canción echa por Sirenas para el mitológico rey Cronos, el cual ellas creían, algún día llegaría a salvarlas.
"Cronos Odiseo, dirige tu nave
hacia la isla de plata desde la que cantamos:
aquí pasarás tu vida.
A través de un espeso bosque de alisos
vemos claramente, pero no nos ven,
ocultas en una bruma dorada."
Todo aquel que pasase por la ventana de Aerin sonreía al verla cantar. Su danza era suave y dulce, como una caricia del viento. Sus facciones eran majestuosamente acompañadas por su dorado cabello, que le cubría toda la espalda hasta las rodillas. 
"Nuestro cabello tiene el matiz de la gavilla cebada,
nuestros ojos el matiz de los huevos de mirlo,
nuestras mejillas son como asfódelos.
Aquí florece aún la manzana silvestre,
los reyezuelos juegan en las ramas de la plata
y te hacen buenas profecías."
Névar quedó perplejo. Nunca había sentido algo así. Una ráfaga eléctrica recorrió su cuerpo, iluminando su rostro, dibujando una sonrisa. El la conocía, sabía que era la hija de los reyes. Sabía que era Aerin, y nunca había conocido a alguien como ella. Verla y escucharla era como tocar el sol, el cual no iluminó nunca el bosque quemado.
Ahora mismo tenía puesto un vestido blanco apenas más largo que su cabello, el cuál estaba iluminado por una resplandeciente tiara. Movía los pies de una forma casi tétrica, como si quisiera llevárselo consigo.
Y lo iba a conseguir, por eso Névar corrió lo más rápido que pudo hasta Mattner, dónde ya no lo atormentarían esas extrañas sensaciones.


Cap 5. Mattner

- ¿Qué haces aquí, mortal? Sabes que no se les está permitido caminar de noche a aquellos que tienen el defecto de morir. -
- Como si se diferenciara la noche del día en este horrible lugar..-
Respondió Névar y se alejó. Ya no soportaba a nadie de Mattner, menos que menos a sus padres. Las personas de allí nisiquiera lo trataban como un mortal, sino como algo peor,por haber sido personalmente despreciado por los reyes. Sus nombres eran Morgoth y Belegurth. Ellos fueron los creadores de los Elfos Oscuros, los que empezaron con las ideas maléficas sobre la dominación total.  Además, le habían robado a Calaquendi unos conjuros de curación y lucha, por lo que se decía que eran más poderosos. Aún así, nunca pudieron encontrar el hechizo por el cual tanto habían luchado, que era el que arrebataba la inmortalidad.
La mayoría de los habitantes de Mattner se habían echo elfos oscuros por incrédulos. Morgoth les había prometido inmortalidad y poder, a cambio de su fidelidad. Y solo recibieron su desinterés y arrogancia. Para cuando quisieron volver al bosque, ya era tarde. Calaquendi había dado ordenes estrictas de captura a cualquier elfo ajeno al Imperio de la luz, sin importar las circunstancias. Al pasar de los años estas criaturas se volvieron malhumoradas por la desesperanza, tratando despectiva e irónicamente a la gente.


Cap 6. Névar

Névar era tratado como un perdedor, como alguien que siempre intentó ser lo que no fue. Como alguien molesto que malgasta su vida. Y él se cansó de eso, y esa noche corrió al bosque,  entró sigilosamente a la habitación de Aerin, y se camufló en las sombras. La oscuridad se dibujaba perfectamente en su piel, ya que era blanca como una hoja.  Acerca de sus ojos, nadie nunca supo su color,  su largo cabello negro lograba esconder cada facción de su rostro.
Verla dormir causo en Névar sentimientos que jamás había siquiera escuchado. Al verla tan frágil, tan vulnerable a todo, en lo único que pensaba era en protejerla. Quería hacer de su inmortalidad la vida más linda que ella pudiera tener. Verla dormir generó en el un sentimiento de esperanza, de creer que su propia vida no era solo escombros de lo que nunca fue. Realmente era un angel, Aerin era un ángel, era su ángel.
Névar se quedó hasta que se hizo de día. Que la oscuridad ya no estuviese allí para camuflarlo era su señal de salida, nadie podía saber que alguna vez estuvo ahí. Eso causaría su muerte inmediata, y de seguro una nueva guerra. Calaquendi pensaría que Morgoth había mandado a su hijo a que matara a la princesa, y no se lo podía culpar por pensar aquello. Por eso se fue.
Las noches siguieron pasando y Névar continuó yendo a la habitación de Aerin a verla dormir. En cada ocasión la notaba más hermosa, más tierna, cada vez se tenía que controlar más por no intentar acariciarla. Pocas fueron las veces que se pasó por ahí de día, ya que era muy arriesgado, y tampoco quería que Aerin lo viera. Estaba seguro de que se asustaría y gritaría, y eso jamás podría terminar bien. Aún así se moría de ganas de decirle lo impresionante que ella era, lo espectacular e interesante que la encontraba y de la majestuosa perfección que poseía. Névar la miraba como si fuera una escultura, quedaba estupefacto. Todas las veces que la veía le encontraba algo diferente que lo volvía loco, algo genuino y especial que nunca había visto en otra persona.
Él fue a su habitación muchísimas noches, meses. Se quedaba en la esquina de su cuarto, donde la luz de la luna no le llegara, y se quedaba inmóvil hasta el otro día. Su cuarto era bastante normal para ser "la hija del rey". Névar estaba seguro que ella misma había decidido que fuese así, completamente blanco y con exactamente dos cuadros que ella misma había pintado.
Esa noche Névar no se pudo controlar más. Con un leve movimiento, toco el suave rostro de Aerin en una caricia. Pero ella lo tomó por sorpresa, sentándose de repente en su cama, asustada. Pero para cuando abrió los ojos, el ya se había ido por la ventana. Ella se tomó el rostro, pensando que había sido una brisa helada que había corrido por su rostro la causante de su despertar.  
El corazón de Névar latía a mil. Su respiración nunca había estado tan agitada, ni sus piernas así de temblorosas. La había acariciado, la había sentido. Y fue ahí cuando lo supo. 
La amaba, por completo. Incondicionalmente, y para siempre. Nunca había hablado con ella, pero lo sabía. Cada parte de su corazón y alma pertenecían a Aerin, hija de Calaquendi y Rána, princesa del imperio de la luz. Estaba enamorado, y nada podía indicar lo contrario, cada partícula de su cuerpo se lo indicaba. Su mano aspera y fría se volvía suave al tocar a Aerin.


Cap 7. Aerin II


Aerin había estado sintiendo una presencia rara en sus sueños al dormir, hace muchísimas noches; Se despertaba pensativa, y quedaba nostálgica el resto del día. Percibía un ambiente raro e irresistible, como si alguien la llamara desde afuera. Por eso esa noche decidió acostarse, pero no quedarse dormida. 
Su día transcurrió normal, caminó por el pueblo, canto canciones de sirenas con Englantine, saludo a las personas con sus padres. Les contó unas historias de gigantes a los niños con los que a veces jugaba, y empezó a atardecer. Aerin se puso nerviosa, por alguna razón. Por más de que probablemente nada haya sido lo que pasaba por las noches, ella sentía que se encontraría con algo, o peor, con alguien. El solo hecho de pensarlo le hacia cambiar el pulso. Esto era raro y nuevo para ella, nunca se había sentido insegura o tensa por algo, tenía mucha confianza en si misma, pero no al punto de ser arrogante. Era por eso que era tan querida por toda la gente que la conocía.
El momento llegó. Cenó con sus padres, y fue a su cuarto. Se acostó y esperó. Cerró los ojos y quedó inmóvil.
 Hasta que lo empezó a sentir.
Empezó a sentir la presencia, el "algo" que tanto la alteraba. Su respiración cambió, estaba agitada. Sin siquiera pensarlo antes, dijo "Hola"
-.. Hola-
Alguien estaba ahí, alguien le había respondido. Alguien estaba en su habitación y quizás quisiera matarla. Había un extraño, un hombre, al pie de su cama. Esos fueron los pensamientos que pasaron rápidamente por la mente de Aerin al ver que una voz masculina le había respondido. Sentía que se estaba cayendo de la cama, y que el cuerpo le temblaba.
-Qui.. Quién eres?-
Esperó un rato, aún acostada en la cama de la misma manera que en un principio se acostó, por la respuesta. Pero nada. Entonces tomó coraje y se sentó de un golpe en la cama, encontrándose nuevamente con la insólita y oscura nada.











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