lunes, 4 de marzo de 2013

Kanim

Kanim era una chica normal. Le gustaba leer, escribir, y salir a caminar bajo la lluvia, la cual era constante en el lugar donde vivía. No disfrutaba de la noche, ni del día, sino del clima que se presentaba en sus sueños al dormir.

Ella no sobresalía del resto, excepto por una cosa; había convertido al odio en un estado de ánimo permanente.  
Inconscientemente y desde pequeña, Kanim pudo hacer de su rabia incontenible, su decepción, aborrecimiento y desprecio, su personalidad. Esto significa que, sorprendentemente, hizo de su furia una arisca tranquilidad. Por eso, aquella cosas y personas (que eran bastantes, en realidad) a las que ella les prestaba su completa atención (esto nunca era bueno), Kanim demostraba en su exterior una total indiferencia.

Hasta esa noche en donde la manera de satisfacer sus maléficos deseos se apareció en su ventana.




Kanim nunca supo qué o quién era la extraña figura que se le presentó aquella noche, y tampoco le importaba, ya que sí sabía porque había ido hacia ella.
O al menos eso creía.

En sus sueños, esta criatura mataba brutalmente a todas las personas que atormentaban tanto a Kanim en la vida real. Por eso, desde el momento en que lo vio, supo que hacer. Y cada noche, le susurraba a Cascabeles (así decidió nombrarlo debido a los cascabeles al final de su cabello) un nombre diferente. Y a la mañana la persona yacía muerta.

Miles fueron las personas que Cascabeles mató, sin embargo Kanim nunca se satisfacía. Seguía perturbada y llena de odio, por más sangre que se derramara.


Pero una noche, la criatura pudo por fin cumplir con su cometido. Esta vez, la sangre que hacía sonar sus cascabeles si trajo tranquilidad a Kanim.




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