lunes, 25 de marzo de 2013

Burlas.

Al carajo con que soy la tristeza personificada. Lamentablemente ya me acostumbré a esto.
Voy a hablar de un tema que me viene rompiendo bien las pelotas desde que tengo memoria. Las burlas.

Hay momentos en la vida donde tenemos que compartir gran parte de nuestro día con otras 20, 15, o cual fuera la cantidad, de personas. Por un tema de obligación, o que simplemente se dan las cosas así. Tal es el ejemplo del colegio, o de un equipo (deportes), o lo que concha sea. Pero voy a hablar del colegio.

Un grupito de personas en el curso, siempre son los que se creen superiores. Vaya uno a saber porqué. Normalmente es porque son """"""más lind@s""""", tienen más guita, se creen más vivos, que tienen más vida social, que son lo más de lo pluz de lo ghenialh, o que como son """"conocidos"""" en su fucking grupito de sociedad tienen algún tipo de superioridad por sobre los demás.

Entonces, claro, agarro a la persona "más pete" del curso, y la boludeo. Porque es feo/a, porque tiene mala pronunciación, porque es el/la apartad@, o porque se me canta el culo.
Les hago una jodita, me río con mis super amigototototes, y me voy.

Che, pelotudo, tenés idea de lo que causas en el otro lado? Tenes una puta idea?
Sabes lo que es, para la gente que se siente mal consigo misma, ya sea con su cuerpo, o lo que fuere, que las hagan sentir más incómodas de lo que están?
Yo estuve de ese lado, yo sé lo que se siente. Lo único que quieren estas personas es pasar desapercibidas, o dicho de otra manera, que no les rompan las pelotas. Y venís vos con toda tu super genialidad de super niñit@ cool de mamá hiper mega re lok a joderles el fucking tiempo.
¿Pero sabes qué? A mí me parece que vos necesitas hacer sentir "inferior" a esas personas porque sino no tendrías con qué carajo sentirte "superior". A mí me parece que vos vales solo lo que tenes puesto, tu buzito, tu zapatillita, tu bolso, y tu blackberry. Y por eso seguís la corriente de todo lo que se impone. Siquiera considerando si lo que te pones, te gusta. A mí me parece que te mereces una buena patadita en la cara, pedazo de mierda.

Ganas de joder, si queres hacer reír a tus amigotes hacelo con tus putitos chistes de mierda, no haciendo sentir insegura a otras personas. Porque sino después, estas personas van a crecer, y van a ir a tu casita, matar a tus hijitos, a tu pareja, y hacerte la vida miserable.









Hm..

 omitan eso último.

miércoles, 20 de marzo de 2013

domingo, 17 de marzo de 2013

It should be me

Que sensación de mierda. 
Nunca la había experimentado.. Jamás, en mis 17 años de vida, me había jodido joder a alguien. Nunca. 
Que desastre, ¿no?
Pero ahora me pasa y me quiero cortar un huevo. Es mucho peor que joderme a mí misma. Y es raro que diga esto.

Es una sensación que me da.. Asco. Demasiado rechazo.
Que inútil que sos, Tamara.



" Hay un cuadro lindo, con mucho verde, porque estoy bien. 
Pero no tiene sentido, pierde su belleza, si estas mal. "



lunes, 4 de marzo de 2013

Kanim

Kanim era una chica normal. Le gustaba leer, escribir, y salir a caminar bajo la lluvia, la cual era constante en el lugar donde vivía. No disfrutaba de la noche, ni del día, sino del clima que se presentaba en sus sueños al dormir.

Ella no sobresalía del resto, excepto por una cosa; había convertido al odio en un estado de ánimo permanente.  
Inconscientemente y desde pequeña, Kanim pudo hacer de su rabia incontenible, su decepción, aborrecimiento y desprecio, su personalidad. Esto significa que, sorprendentemente, hizo de su furia una arisca tranquilidad. Por eso, aquella cosas y personas (que eran bastantes, en realidad) a las que ella les prestaba su completa atención (esto nunca era bueno), Kanim demostraba en su exterior una total indiferencia.

Hasta esa noche en donde la manera de satisfacer sus maléficos deseos se apareció en su ventana.




Kanim nunca supo qué o quién era la extraña figura que se le presentó aquella noche, y tampoco le importaba, ya que sí sabía porque había ido hacia ella.
O al menos eso creía.

En sus sueños, esta criatura mataba brutalmente a todas las personas que atormentaban tanto a Kanim en la vida real. Por eso, desde el momento en que lo vio, supo que hacer. Y cada noche, le susurraba a Cascabeles (así decidió nombrarlo debido a los cascabeles al final de su cabello) un nombre diferente. Y a la mañana la persona yacía muerta.

Miles fueron las personas que Cascabeles mató, sin embargo Kanim nunca se satisfacía. Seguía perturbada y llena de odio, por más sangre que se derramara.


Pero una noche, la criatura pudo por fin cumplir con su cometido. Esta vez, la sangre que hacía sonar sus cascabeles si trajo tranquilidad a Kanim.