El mismo ambiente hogareño de todas las noches.
Las luces de la plaza parecían cansadas, pero siempre estaban prendidas, observandola, haciendo que sus escasas luces la llenaran de sensaciones.
De nostalgia del ayer, como si fuera un mensaje del futuro, y no existiera el presente.
Las cortinas de la ventana separaban la leve línea que existía entre la profunda noche, y su hogar.
En sus ingenuos ojos se reflejaban todos los mensajes escondidos en el silencio.
Sus párpados se cerraban al compás del viento.
Estaba tan bien,
Observando la plaza que en su adolescencia sería solo un recuerdo.
Y las campanas comenzaron a sonar, y las estrellas brillaban junto con ellas.
Y todo era un baile,
todo era magia.
Las campanas aún resonaban en su cabeza cuando se subió al auto.
Y lo siguieron haciendo mucho tiempo más.
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