lunes, 5 de marzo de 2012

She

Se apagó la luz. Él no veía nada, la oscuridad no cambiaba si se abría o cerraba los ojos. Escuchaba a sus amigos gritar de alegría y a sus amigas de espanto. Pero por alguna razón el no dijo nada, solamente esperó a que ella llegara y lo tomara. No sería nada raro.
El sabía que eso iba a pasar, los sucesos se lo advirtieron, ella misma se lo avisó. Y ahora que ni la luz ni la sombra estaban para detenerla, podía acercarse todo lo que quisiera. Y cuando eso pasara, todo quedaría echo cenizas por el fuego.
Pudo sentir las suaves y grandes manos de ella haciendo presión en un movimiento rápido contra su pecho. Su respiración se detuvo, y por primera vez desde que se fué la luz, él pudo parpadear. Comenzó a irse hacia atrás, alejándose de los murmullos.
El calor empezaba a surgir, el calor más hipnotizante y pasional del mundo, capaz de consumir cualquier mente. Él no lograba ver nada, solo sentía. Cuando de repente vió la sonrisa malévola y traviesa de ella, y supo que no había otro lugar en el que le gustaría estar más que ahí.

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